El profesor Cella me miraba con una cara de ira por llegar tarde.
-Llega tarde señorita Stone, a su asiento.- Pero todos los lugares, menos uno, ya estaban ocupados.
-Apurece, que el tiempo el oro.- Me estremecí, y me digne a caminar hacia el único banco vacío, el asiento acompañante del desconocido. Saque los libros y colgué el bolso en el gancho de la mesa.
La clase de matematica había empezado. Cella estaba dando trigonometria, que por cierto, no entendía un carajo. El ventilador daba vueltas y vueltas, era un día de verano, hacia calor, la brisa de la ventana me golpeaba la cara. Me puse a pensar a cuales compañeros mataría el ventilador si se cayera. El ventilador estaba justo arriba de Luciana y sus dos comadrejas.-Voy a tener sueños húmedos toda la noche con esto.- Me dije.
-Le aburre mi clase Stone?- Me había interrumpido mi trance. -Y si, la verdad es que si, me aburre tu clase.-
Tenia tantas ganas de comentarle eso y contarle lo miserable que es mi vida. Y lo único que logre decir fue:
-Perdone, no volverá a suceder.- Y comenzaron a escucharse ricitas por toda el aula.
-Dudo que suceda de vuelta.- Y las rizas se hicieron mas fuertes. A cabo de 30 segundos se calmaron con la mirada amenazadora del profesor.
La clase prosiguió y mis pensamientos también. De repente una nota me hizo volver a la realidad. El desconocido me había mandado una hojita doblada en cuatro. Puse los ojos como platos, sorprendida claro. -Como te llamas?- No quería contestarle, pero lo hice.
-No hace falta que te lo diga, total, con el tiempo no me vas a hablar mas.- Y somo el timbre. Levante mis libros, los metí en el bolso, lo agarre, me levante y me fui.
Pase el recreo sola, como siempre. Me puse a leer Carrie de Stephen King, el libro me había atrapado. Mi siguiente clase era gimnasia, pero le dije a la profesora que me sentía mal, por lo cual, me dejaron irme a mi casa.
Acababa de bajarme del colectivo y caminando por la vereda me ponía a pensar en lo misteriosa que es la vida, cuando repentinamente escucho gritos, llantos, desesperación, todo paso tan rápido, y una fuerza magnética me tira hacia un costado y acto seguido me caigo contra el cemento del piso.
-Que es esto? Diu, esta mojado, oh no, humedo, pegajoso, rojo.- La sangre brotaba de mi cabeza a borbotones, escuchaba gente que decía: -¡Llamen al 911!- ¡Alguien vendale la herida, se va a desangrar!- No, dios no, el conductor esta muerto, y los pasajeros del automóvil también. esperen, el bebe esta vivo! Esta vivo! Sáquenlo!-
Desperté en el hospital. Las paredes estaban blancas, como todo el resto, la pintura de las ventanas, el techo, las sabanas. Una enfermera entró a verme, me toco la frente y me preguntó:
-Como te sientes querida?- Queria llorarle y decirle lo mal que me sentia, lo mucho que me dolia la cabeza, lo que queria abrazar a mi mama y decirle que me de mimos y me abrase, pero no le podia decir todo eso.
-¿Que paso? ¿Por que estoy internada?- Mientras me cambiaba la bolsa de transfucion de sangre me contestó:
-Tubo un accidente señorita. Un auto choco contra un poste y usted estaba a medio metro en ese preciso momento. Viajaba una familia dentro, sobrevivió solo el bebe. Si no fuera por que su novio la halla sacado de allí, estaría en el cielo junto con los difuntos.- Me estremecí totalmente. Estaba al borde de la muerte.
-Espere, espere, mi novio? Yo no tengo ningún novio ¿Quién es?- No puede ser, no puede ser, no puede ser.
-Dijo que era su novio. La salvo del choque. Muy amable el caballero.- Y se fue murmurando algo para si misma con una sonrisa en la cara.
¿Qué había pasado realmente? ¿Porqué dijo que era mi novio? ¿Cuanto tiempo había pasado desde que llegue? Estaba volviéndome loca, cuando alguien toca la puerta.
-Permiso!- Cuan aliviada estaba. Era la vos de mi mama. Me senté de golpe al borde de la cama y me comenzó a doler desesperadamente la cabeza, quería gritar, pero no podía emitir ningún sonido de tal grande dolor que tenia.
-Tranquila mi vida, acostate, tranquilízate, esta todo bien, ya esta acá mama, esta todo bien.- Y me acariciaba la frente, mimándome, amándome, queriéndome, cuando me sumí a la oscuridad total.
En mi interior escuchaba -Auxilio, ayuda por favor!!! Perdió la conciencia!- Eran los gritos desesperados de mi madre. Me decía a mi misma -Párate, dale levántate loca! Vos podes!- Pero todo era en vano, mi cuerpo no respondía.
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